La tiroides es una pequeña glándula situada en la parte anterior del cuello que, a pesar de su reducido tamaño, desempeña un papel fundamental en el funcionamiento de nuestro organismo.
Tiene forma de mariposa y produce hormonas tiroideas, responsables de regular numerosos procesos relacionados con el metabolismo. Estas hormonas influyen, entre otras funciones, en el gasto energético, la temperatura corporal, el ritmo cardíaco y el funcionamiento de diferentes órganos.
Por este motivo, cuando existe una alteración de la función tiroidea pueden aparecer síntomas muy diversos. Además, la tiroides también puede presentar cambios en su estructura, como el aumento de tamaño de la glándula o la aparición de nódulos.
¿Qué síntomas pueden estar relacionados con la tiroides?
Las alteraciones tiroideas no siempre producen síntomas claros y, cuando aparecen, algunos pueden confundirse fácilmente con situaciones habituales de nuestro día a día.
Cansancio persistente, cambios de peso sin una explicación evidente, mayor sensibilidad al frío o al calor, nerviosismo, palpitaciones, caída del cabello o cambios en el estado de ánimo pueden aparecer asociados a determinadas alteraciones de la función tiroidea.
También existen síntomas relacionados con cambios estructurales de la glándula. La aparición de un bulto o aumento de volumen en el cuello, dificultad para tragar, sensación de presión cervical o determinados cambios persistentes en la voz son motivos para solicitar una valoración médica.
La presencia de uno de estos síntomas no significa necesariamente que exista una enfermedad tiroidea, pero cuando son persistentes o aparecen varios de ellos conjuntamente es recomendable estudiarlos.
Nódulos tiroideos: ¿qué son?
Un nódulo tiroideo es un crecimiento localizado dentro de la glándula tiroides.
Podemos encontrar un único nódulo o varios y su tamaño puede ser muy variable. En muchas ocasiones no producen ningún síntoma y se descubren de manera casual durante una exploración médica o al realizar una ecografía u otra prueba de imagen por un motivo diferente.
Encontrar un nódulo tiroideo puede generar preocupación en el paciente, pero es importante transmitir un mensaje de tranquilidad: la mayoría de los nódulos tiroideos son benignos.
Lo importante, por tanto, no es alarmarse ante su aparición, sino realizar un estudio adecuado que permita conocer sus características.
¿Cómo se estudia un nódulo tiroideo?
La valoración inicial suele comenzar con la historia clínica y la exploración del cuello. También pueden solicitarse análisis de sangre para conocer el funcionamiento de la glándula.
Una de las pruebas fundamentales es la ecografía tiroidea.
La ecografía permite estudiar el tamaño del nódulo y diferentes características de su aspecto. Esta información ayuda al especialista a determinar si únicamente es necesario realizar controles periódicos o si conviene completar el estudio.
En determinados nódulos puede estar indicada una punción aspiración con aguja fina (PAAF). Mediante esta técnica se obtiene una pequeña muestra de células del nódulo para su análisis.
No todos los nódulos necesitan una punción. La decisión dependerá principalmente de sus características ecográficas, su tamaño y del contexto clínico de cada paciente.
Entonces, ¿cuándo debemos preocuparnos?
Más que hablar de «preocuparse», preferimos hablar de cuándo debemos consultar y estudiar un nódulo.
Es especialmente importante solicitar valoración cuando aparece un nuevo bulto en el cuello, cuando un nódulo aumenta de tamaño o cuando se acompaña de síntomas como dificultad para tragar o respirar, sensación de presión en el cuello o determinados cambios persistentes en la voz.
También requerirán un estudio específico aquellos nódulos que presenten determinadas características en la ecografía o en los que la punción genere dudas o sospecha de malignidad.
Cada caso debe valorarse individualmente.
¿Todos los nódulos tiroideos necesitan cirugía?
No.
Esta es probablemente una de las dudas más frecuentes de los pacientes cuando reciben el diagnóstico.
Muchos nódulos benignos no necesitan tratamiento quirúrgico y pueden controlarse mediante seguimiento médico y ecográfico.
La cirugía puede plantearse, entre otras circunstancias, cuando existe un diagnóstico o una sospecha relevante de cáncer, cuando los resultados obtenidos mediante la punción aconsejan la extirpación, cuando existe un crecimiento significativo o cuando el tamaño de la glándula o del nódulo provoca síntomas compresivos.
También existen otras patologías tiroideas en las que puede estar indicado el tratamiento quirúrgico. La decisión de operar y el tipo de intervención deben establecerse siempre teniendo en cuenta las características de la enfermedad y de cada paciente.
¿En qué consiste la cirugía de tiroides?
Dependiendo de la patología, puede ser necesario extirpar únicamente una parte de la glándula —habitualmente uno de sus lóbulos— o realizar una tiroidectomía total.
La elección de una técnica u otra depende del diagnóstico, de la localización y características de los nódulos y de otros factores clínicos.
La tiroides se encuentra además en una zona anatómica muy próxima a estructuras importantes, entre ellas los nervios relacionados con el movimiento de las cuerdas vocales y las glándulas paratiroides. Por ello, cuando existe indicación quirúrgica es importante realizar una correcta planificación de la intervención.
Un nódulo no significa necesariamente cáncer
Este sería uno de los mensajes principales que nos gustaría trasladar.
Detectar un nódulo tiroideo no debe ser sinónimo de alarma ni significa automáticamente que sea necesario operar.
En muchos pacientes será suficiente realizar un estudio inicial y posteriormente establecer controles. En otros casos será necesario ampliar las pruebas y solo en determinadas situaciones estará indicada la cirugía.
Por eso, ante un nódulo tiroideo, el primer paso es obtener un diagnóstico adecuado.
En Unidad Cirugía Barcelona
En Unidad Cirugía Barcelona abordamos la patología tiroidea de forma individualizada, desde la valoración inicial hasta el tratamiento quirúrgico cuando está indicado.
Nuestro objetivo es que el paciente entienda qué ocurre en su tiroides, qué pruebas necesita y por qué, y cuáles son las diferentes opciones de tratamiento antes de tomar cualquier decisión.
Una valoración adecuada aporta información, tranquilidad y permite elegir el tratamiento más apropiado para cada paciente.